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Aunque no hay constancia arqueológica de la existencia del oppidum (ciudadela) de los romanos, algunos cronistas opinan que debió estar situado en el lugar que ocupa el castillo, pero no hay prueba de ello, parece lógico pensar que, derrotados los romanos y ocupado el lugar por los visigodos, éstos tomarían posesión de la fortaleza, reparándola de los destrozos sufridos en la contienda y ocupándola como residencia oficial. Serán los musulmanes los que den a la construcción el nombre de Alcázar o palacio. Con toda seguridad poseyó una alcazaba en época musulmana, que es entregada al rey castellano en la rendición de la ciudad en 1.262, pero de ella no han llegado restos a nuestros días. Durante el periodo islámico, el edificio presentaría un aspecto de gran riqueza, como era norma en los construcciones palatinas musulmanas, dotándole de funciones residenciales, militares y gubernativas y palaciegas. Más adelante, conquistada Niebla por Alfonso X; el Alcázar es donado junto con la villa a los Guzmán. Sin embargo, la residencia principal de los condes no llegó a ser nunca Niebla, sino que la mayor parte del tiempo habitaban en Sevilla o en Sanlucar de Barrameda, dejando la villa iliplense a sus alcaides, excepto D. Enrique, cuarto conde de Niebla y segundo Duque de Medina Sidonia, que edificó un nuevo edificio en la segunda época del siglo XV. Nacía así la traza de este edificio poco más o menos como hoy lo conocemos a pesar de las posteriores reformas. Era un edificio grande y tenía una Torre del Homenaje, esta monumental obra salió de las manos de artistas mudéjares traídos expresamente a Niebla por D. Enrique para tal fin. No se tienen más noticias de este edificio hasta 1.615, cuando Pedro Gómez y Alonso Sánchez de Olvera presentan al Duque de Medina Sidonia un presupuesto detallado de las reparaciones que eran necesarias hacer en él, acompañando un famoso plano muy bien conservado. A fines del siglo XVII o principios del XVIII debió construirse la barbacana norte sobre restos de la antigua, que estaba ya muy deteriorada en 1.615. Entonces se realizaron atendiendo a las necesidades y técnicas artilleras de la época. En 1.755 el terremoto de Lisboa causó grandes daños en el castillo, afectando sobre todo a la torre del Homenaje. A partir de entonces pierde casi por completo su utilidad militar y se convierte en morada de gente marginal. También llegar a ser utilizado como pajar. En 1810, durante la guerra de la Independencia, el mariscal Soult le devuelve su antigua función reparando sus muros y abriendo troneras para disponer las piezas de artillería. Pero, en 1812, antes de su retirada vuela el edificio dejándolo destruido. A partir de entonces y hasta bien entrado nuestro siglo, sus muros han dado cobijo a las familias más miserables de Niebla. En 1935 Elena Wishash intentó desalojarlas y construyó una barriada para trasladar a las familias. En la década de los 70 intervino en él el arquitecto Rafael Manzano, restaurando el muro del primer recinto, que estaba destruido, y actuando en el muro de la Torre del Homenaje. En el patio central encontró la cimentación y organización de las crujía interiores. Son obra suya también las escaleras del patio principal. En los años 80 se realizaron obras de limpieza y consolidación de parte del castillo con la finalidad de detener el proceso de degradación y ofrecer la posibilidad de su utilización para usos culturales, como el Festival de Teatro y Danza “Castillo de Niebla”. Actualmente se conservan el patio de armas, la torre del homenaje y restos de algunas dependencias en las torres y bajo la barbacana norte. Este Alcázar se defendía mediante una doble línea de muralla. La exterior constituye una importante barbacana, sobre todo en el lado norte, realizada con excelente mampuesto y torres estrelladas, mientras que en las zonas restantes la cerca está muy deteriorada y con edificaciones adosadas de torres poligonales. En las laterales sur y oeste, la muralla original casi ha desaparecido.
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